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Puente en el
Antiguo Palacio de Verano (Pekín, CH)
En los umbrales de los tiempos, sólo existía el día y era
cuando las hijas de Lilith eran
iguales a los hijos de Adán. No existía la noche ni su oscuridad por lo que
nunca se apagaba el tiempo y en la vida descansaban del placer de vivir.
Pero, un día, los hijos de Adán quisieron ir lejos a buscar lo desconocido.
Caminaron durante días. Agotados, cerraron sus ojos y conocieron la noche
con sus pesadillas. Desde entonces, los hijos de Adán no tienen luz
necesaria en sus ojos para ver nítidamente a las hijas de Lilith.
Si el cansancio no fuera mayor que la ilusión por la vida, tal
vez las noches dejarían de llorar estrellas para iluminar la ceguera y, tal
vez, los hijos de Adán sabrían descubrir nuevamente el placer de la vida
acompañados con las hijas de Lilith.
hammutopia
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