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Mi mamá no quería venir a Lima, la trajimos
con engaños “vamos por un tiempo a ver a tus hijos y luego te regresas,
te extrañan” le dijimos. La
hicimos acostumbrar, no le movimos nada de allá y la trajimos. De repente
se dio cuenta, poco a poco le fuimos explicando,”esta casa es grande”,
“se podrían criar animales”. Ella murió con la esperanza de volver, cuando quisimos llevarla, el doctor dijo que
ya no se podía por su edad y
por la altura.
Mi mamá como autentica serrana solamente
estudió para leer lo necesario. Se casó bien jovencita. Era muy bonita.
Nosotras ninguna de sus hijas le ha sacado esa nariz finísima, las nietas
si. Dice que mi mamá era muy
asediada por los varones, mi papá era tremendamente celoso a tal extremo
que no quería ni que salga a la calle .Ella siempre criando hijos. Para
que mi mamá se sintiera bien en su casa mi papá le puso muchas empleadas,
en esa época allá en Puno, a las empleadas no se les pagaba. Éramos doce
hermanos, cada uno tenía su ama, a cada uno nos criaban. Hemos tenido
amas solo hasta los cinco o seis años, hasta tener uso de razón. Yo me
acuerdo de mi ama, se llamaba Gabriela. Yo siempre quería a mi mamá, pero
ella era la que me cambiaba, la que llevaba al colegio, la que me daba de
comer. Yo sabía quien era mi mamá, pero también sabía que tenía que hacer
las cosas con ella, con Gabriela.
A mi mamá todos la conocían en Puno porque
curaba a las personas, recurrían a ella para que les vea en la hojas de coca, chacchaba su coquita.
Dicen que lo había heredado de su abuela. Leía las hojas de coca, la buscaban de todas partes. Lo hacia
en nombre del Señor. Las paisanitas campesinas decían”no importa que no le recete nada, pero por lo menos que la
mire”. Yo pienso que eso era por la fe que le tenían. Mi mamá con ponerles
un poquito de agua bendita ya
estaban sanos los niños. La buscaban para saber como les iba a ir, si se
le había perdido una vaca, le decían “estoy mal de algo o tengo este
problema”. Además ella veía bien en la coca. Mi mamá me enseñó a
distinguirlas.”Se coge las hojas, se pone lo que se quiera pedir, lo que
se quiera ver”, tienen que salir
al azar, se coge un manojo y se las tira”, porque todas se conocen como
son y donde están ubicadas. Son como las cartas.
He aprendido
algo, ella me explicaba “mira esto es tal cosa o tal cosa”, pero
no nos permitía vernos entre nosotros. Se ve, se conoce a las hojas ,lo que te dice, “esta es una persona” ,”esto es tal
cosa”, “esta es una carta” ,”este es un mal anuncio” ,”este es un tal”,
“este es un hombre”, “aquí hay otro tras tuyo”, todo se ve . Le querían
pagar pero ella no recibía.
Nunca le
gustó la medicina siempre nos curó con hierbas “para tal cosa tal
hierba” decía. Cuando nos dolía la cabeza entonces nos decía “relájate” y nos movía la cabeza como
un chucaque y teníamos que escupir porque ahí decía mi mamá que se iba lo
negativo. Automáticamente se nos
pasaba el dolor de cabeza. Cuando
nos dolía la barriga
ponía fermentos de orín en
la barriga o hierbas.
El susto lo curaba con una hierba, aquí en
Lima usan la ruda y el huevo pero mi mamá usaba la muña y
la pasaba con un rezo, y para eso tres veces tenían que venir las
personas. Allá casi no se
acostumbraba el huevo. El cuy se usa cuando hay enfermedades más grandes,
aunque tampoco lo he visto con mi
mamá. Más he visto como si ella tuviera poderes y les curaba. La gente le
tenía fe a ojo cerrado, pero a mi
papá no le gustaban esas cosas.
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