elizabeth LINO

mama elena

 

Mi mamá no quería venir a Lima, la trajimos con engaños “vamos por un tiempo a ver a tus hijos y luego te regresas, te extrañan”  le dijimos. La hicimos acostumbrar, no le movimos nada de allá y la trajimos. De repente se dio cuenta, poco a poco le fuimos explicando,”esta casa es grande”, “se podrían criar animales”. Ella murió con la esperanza de  volver, cuando  quisimos llevarla, el doctor dijo que ya no se  podía por su edad  y   por la altura.

 

Mi mamá como autentica serrana solamente estudió para leer lo necesario. Se casó bien jovencita. Era muy bonita. Nosotras ninguna de sus hijas le ha sacado esa nariz finísima, las nietas si. Dice  que mi mamá era muy asediada por los varones, mi papá era tremendamente celoso a tal extremo que no quería ni que salga a la calle .Ella siempre criando hijos. Para que mi mamá se sintiera bien en su casa mi papá le puso muchas empleadas, en esa época allá en Puno, a las empleadas no se les pagaba. Éramos doce hermanos, cada uno tenía su ama, a cada uno nos criaban. Hemos tenido amas solo hasta los cinco o seis años, hasta tener uso de razón. Yo me acuerdo de mi ama, se llamaba Gabriela. Yo siempre quería a mi mamá, pero ella era la que me cambiaba, la que llevaba al colegio, la que me daba de comer. Yo sabía quien era mi mamá, pero también sabía que tenía que hacer las cosas con ella, con Gabriela.

 

A mi mamá todos la conocían en Puno porque curaba a las personas, recurrían a ella para que les vea en la hojas de coca, chacchaba su coquita. Dicen que lo había heredado de su abuela. Leía las hojas de coca, la buscaban de todas partes. Lo hacia en nombre del Señor. Las paisanitas campesinas  decían”no importa que no le  recete nada, pero por lo menos que la mire”. Yo pienso que eso era por la fe que le tenían. Mi mamá con ponerles un poquito de agua bendita  ya estaban sanos los niños. La buscaban para saber como les iba a ir, si se le había perdido una vaca, le decían “estoy mal de algo o tengo este problema”. Además ella veía bien en la coca. Mi mamá me enseñó a distinguirlas.”Se coge las hojas, se pone lo que se quiera pedir, lo que se  quiera ver”, tienen que salir al azar, se coge un manojo y se las tira”, porque todas se conocen como son y donde están ubicadas. Son como las cartas.

He aprendido  algo, ella me explicaba “mira esto es tal cosa o tal cosa”, pero no nos permitía vernos entre nosotros. Se ve, se conoce  a las hojas ,lo que te dice,   “esta es una persona” ,”esto es tal cosa”, “esta es una carta” ,”este es un mal anuncio” ,”este es un tal”, “este es un hombre”, “aquí hay otro tras tuyo”, todo se ve . Le querían pagar pero  ella no recibía.

 

Nunca le  gustó la medicina siempre nos curó con hierbas “para tal cosa tal hierba” decía. Cuando nos dolía la cabeza entonces nos decía  “relájate” y nos movía la cabeza como un chucaque y teníamos que escupir porque  ahí decía mi mamá que se iba lo negativo. Automáticamente se  nos pasaba el dolor de cabeza. Cuando  nos dolía la barriga   ponía  fermentos de orín en la barriga o hierbas.

El susto lo curaba con una hierba, aquí en Lima usan la ruda  y  el huevo pero mi mamá usaba la muña y la pasaba con un rezo, y para eso tres veces tenían que venir las personas. Allá  casi no se acostumbraba el huevo. El cuy se usa cuando hay enfermedades más grandes, aunque tampoco lo he visto con  mi mamá. Más he visto como si ella tuviera poderes y les curaba. La gente le tenía fe  a ojo cerrado, pero a mi papá no le gustaban esas cosas.

 

 

 

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